La maleta vacía: El riesgo de esperar que el destino haga tu equipaje
Como psicóloga, observo con frecuencia cómo los seres humanos buscamos alivio a la incertidumbre a través de rituales. El «ritual de la maleta» (tradición popular de Año Nuevo en Latinoamérica, que consiste en salir a la calle (o dar vueltas alrededor de la casa) con una maleta justo a medianoche para atraer viajes y nuevas experiencias durante el año que comienza) es una metáfora perfecta de nuestra necesidad de control: queremos que el año venidero nos regale horizontes nuevos. Sin embargo, detrás de esta caminata nocturna se esconde una trampa psicológica peligrosa: la externalización del locus de control.

Cuando decimos que vamos a «atraer» viajes, estamos enviando un mensaje a nuestro cerebro de que somos sujetos pasivos. Estamos sugiriendo que el viaje es un evento que nos sucede, como la lluvia o el viento, y no un resultado de nuestra voluntad.
El mito de la «atracción» vs. la psicología de la acción
La idea de que las experiencias se «atraen» es un concepto que ha ganado terreno de forma engañosa. Desde la psicología, sabemos que las experiencias no orbitan a nuestro alrededor esperando a ser invocadas. Las experiencias se construyen.
Al caminar con una maleta vacía por la manzana, estamos alimentando un pensamiento mágico que puede derivar en frustración. Si el viaje no llega, la persona siente que «el ritual no funcionó» o que «no era su destino». Esta narrativa nos quita poder. La realidad es mucho más estimulante: viajar depende de tu capacidad para decidir, priorizar y ejecutar.
Del ritual al plan: Por qué «viajar» no es cuestión de suerte
Viajar es, probablemente, una de las metas más tangibles y alcanzables si se despoja de su misticismo. No estamos hablando de ganar la lotería o de una recuperación milagrosa de salud; hablamos de logística, finanzas y, sobre todo, de determinación.
- La falacia de la espera: El destino no te compra un billete de avión. Lo compra tu capacidad de ahorro, tu búsqueda de ofertas y tu valentía para pedir vacaciones o ser capaz de viajar solo/a si no encuentras el momento justo de ser acompañado/a.
- La participación activa: Participar en el propio destino significa entender que tú eres el arquitecto de tus anécdotas. Si quieres estar en una playa en julio, la maleta no debe estar dando vueltas por tu barrio en diciembre; debe estar siendo planeada en tu agenda hoy mismo.
- El peligro de la maleta vacía: Simbólicamente, una maleta vacía es una promesa sin fondo. La psicología de la realización personal nos dice que la satisfacción no viene de desear, sino de la competencia: la sensación de que soy capaz de hacer que las cosas sucedan.
Toma el mango de la maleta (y el de tu vida)
No se trata de erradicar la tradición por su componente lúdico, sino de no otorgarle el poder de nuestra felicidad. Está bien jugar con la maleta, siempre y cuando al volver a casa, abras tu cuenta bancaria o tu calendario y empieces a trazar la ruta.
El destino no es una fuerza externa que decide si te toca o no conocer el mar este año. El destino es el nombre que le damos al rastro de nuestras decisiones pasadas. No le pidas permiso a la vida para moverte; muévete y la vida no tendrá más remedio que acompañarte.
Menos «atraer» y más «ir». Menos ritos y más hitos. Este año, que tu maleta no se mueva por una superstición, sino porque tú mismo la estás subiendo al tren.
